Contexto internacional

El papel del trabajo en la vida de las personas es esencial, ya que entrega compensaciones materiales, psicológicas y sociales. Muchas personas necesitan de su trabajo para satisfacer sus necesidades básicas, no obstante, también para realizarse como personas, sentirse útiles, mejorar su autoestima y tener un lugar en la sociedad. El trabajo proporciona mayor estatus social, contribuye a crear una identidad personal y laboral, entrega la posibilidad de generar recursos mínimos para sobrevivir y acceder a otros bienes, representa una fuente de oportunidades para la interacción y los contactos sociales, estructura el tiempo generando rutinas, es una fuente de oportunidades para desarrollar habilidades y destrezas, y es finalmente un medio adecuado para transmitir normas, creencias, valores y expectativas sociales. Pese a todo lo positivo antes nombrado, el trabajo también puede generar insatisfacciones y tener efectos no deseados, tales como la precariedad, la inseguridad laboral, la discriminación y el maltrato.

Para las personas mayores, la posibilidad de seguir trabajando significa mantener su vínculo con la sociedad de manera activa, los obliga a mantenerse actualizados para seguir interactuando y les permite visibilizarse de manera más digna como personas independientes y económicamente activas. Un estudio conjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado en mayo de 2018, estimó que en Latinoamérica la proporción de personas de 60 años o más en la fuerza de trabajo aumentaría del 7,5% al 15,0% entre 2015 y 2050, a causa del envejecimiento de la población y, en menor grado, a un “moderado aumento de la participación laboral de los adultos mayores”.

Situación en Chile

Según el Censo 2017, en Chile hay 419 mil adultos mayores de 65 años que se declararon como trabajadores, lo que corresponde aproximadamente a uno de cinco adultos mayores del país, quienes representan el 15% de total de la población con empleo. Del total de personas mayores de 65 años que trabajan, más de 1.000 superan la barrera de los 100 años de edad (658 hombres, 431 mujeres), desempeñándose en su mayoría en el sector servicios. La principal razón para que un adulto mayor decida no estar trabajando es debido a “problemas de salud o problemas físicos”.

Estudios del SENAMA señalan que las bajas jubilaciones que reciben los adultos mayores los impulsa a seguir trabajando, o buscar algún empleo que les permita complementar sus pensiones. En 2017, según las cifras de la Superintendencia de Pensiones, la mayoría de quienes se jubilaron lo hicieron con un promedio de 10 a 15 años de cotizaciones y obtuvieron una pensión de 150 mil pesos, mientras quienes alcanzaron los 20 años de cotización recibieron 183 mil. Por otro lado, las pensiones de solidaridad que entrega en Estado alcanzan los 107 mil 304 pesos. En vista de los bajos montos que reciben muchas personas mayores al jubilarse, muchos adultos mayores se ven impulsados a continuar trabajando. Es por esto que existe una necesidad de generar medidas para fomentar la actividad laboral y la capacitación de las personas mayores por parte del Estado. Dichas medidas permitirá a los adultos mayores acceder a nuevas oportunidades de trabajo e ir actualizando sus conocimientos. En el Congreso Nacional se encuentra en el Proyecto de Ley de Teletrabajo, que busca es regular el trabajo a distancia. Iniciativas como ésta son muy relevantes para los adultos mayores, porque fomentan la flexibilidad laboral, permitiendo que muchos trabajadores de tercera edad que quieran seguir trabajando lo puedan hacer a un ritmo que les acomode, con horarios flexibles, sin tener que cumplir con jornadas largas, y desde su propia casa.

Es fundamental facilitar el acceso al campo laboral de las personas mayores. Para ello el SENAMA espera trabajar junto al Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE) con el fin de generar las condiciones para los adultos mayores accedan a programas de capacitación y emprendimiento, además de promover iniciativas de subsidio a la contratación de personas jubiladas. Es clave la colaboración público-privada para promover la empleabilidad de los adultos mayores. Sin embargo, para asegurar el impacto de estas medidas se deben generar cambios en la forma de ver el envejecimiento y las personas mayores en la sociedad. Según la Encuesta Nacional de Inclusión y Exclusión de las Personas Mayores (2017), los chilenos tienen una mirada en general negativa sobre la integración social de los adultos mayores. El 73% de los encuestados consideró que están marginados, mientras que el 68% de los considera que no pueden valerse por sí mismos. Esta mirada se contrapone con el hecho que las personas mayores presentan un 85% de autovalencia y sólo un 15% de dependencia (CASEN 2015), lo que evidencia el desafío de generar un cambio cultural en torno a la imagen de la vejez y las oportunidades de integración del adulto mayor en los diferentes aspectos de la vida social. El SENAMA busca promover iniciativas que permitan a las personas mayores no sólo tener una oportunidad de trabajar, sino que a optar por trabajos de mejor calificación y responsabilidad.

Es muy importante promover desde la Institucionalidad una imagen positiva del envejecimiento y de la vejez, enfatizando el potencial y ventajas comparativas como la sabiduría y la experiencia de las personas mayores de 60 años en materia laboral (habilidades adquiridas con el tiempo), derribando mitos y prejuicios en torno a este segmento etario que es tremendamente heterogéneo. En estudios cualitativos realizados por SENAMA, SENCE y la Universidad de Santiago, se ha encontrado que las personas mayores aportan experiencia, responsabilidad, buen trato, confiabilidad, mejor trabajo y servicio de calidad superior. También que ve que potencian la calidad versus la cantidad en comparación a otros grupos etarios. Tienen una alta valoración del trabajo y una importante autoexigencia por brindar un servicio de excelencia. Presentan altos niveles de resiliencia, sobre todo las mujeres, menor rotación, menores tasas de accidentes, y más valores positivos.

La Encuesta de Calidad de Vida del Adulto Mayor e Impacto del Pilar Solidario, realizada por Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CEEL), con la Subsecretaría de Previsión Social, muestra que existe una alta tasa de satisfacción con el trabajo para aquellas personas de 60 años o más que tienen un empleo (86% satisfecho o muy satisfecho). Esta satisfacción aumenta con el nivel educacional y solo decrece de manera importante para aquellos que tienen un empleo a partir de los 80 años. La alta tasa satisfacción laboral, refuerza la importancia de incorporar el trabajo entre los factores de calidad de vida de las personas mayores.

A medida que aumenta la edad, disminuye la proporción de empleo asalariado incrementándose el trabajo por cuenta propia. Los trabajadores más educados, y por tanto con mayores ingresos, presentan una mayor proporción de empleo en empresas formales. Sin embargo, una segunda mirada sobre este mismo fenómeno releva las características de flexibilidad que el trabajo por cuenta propia puede aportar a una persona mayor en la medida que la institucionalidad laboral actual no facilita su empleabilidad. Según la Encuesta Nacional de Empleo, la mayoría de las personas ocupadas se desempeñaron como asalariados privados (38,6%) o trabajadores por cuenta propia (36,5%), concentrando entre ambas categorías el 75,1% de los ocupados adultos mayores y gran parte de las personas adultas mayores con ocupaciones informales se desempeñaron como trabajadores por cuenta propia (53,7%) o asalariados privados (27,2%), lo que corresponde entre ambas categorías al 80,9% de los ocupados adultos mayores informales.

En Chile existen programas de subsidio a la contratación de grupos vulnerables, entre ellos para la contratación de mujeres y jóvenes, pero no hay un programa específico para las personas mayores. De hecho, uno de los grandes requisitos para los programas de subsidios a la contratación es que tengan hasta 60 o 65 años de edad. Por lo tanto, el tramo etario mayor queda prácticamente incomprendido por estos estímulos a la inserción laboral. Es esencial incluir a los adultos mayores en la oferta programática de subsidios por parte del Ministerio del Trabajo. Por otro lado, la Bolsa Nacional de Empleo (BNE) ofrece un sistema de intermediación laboral y certificación de la búsqueda efectiva de empleo a la población, pero actualmente no contempla servicios específicos para las personas mayores. Otro desafío para los adultos mayores deriva de la Ley 20.935, que establece que el sueldo mínimo para las personas mayores de 65 años sea un 25% más bajo ($192.230) que el del resto de trabajadores mayores de 18 años ($257.500).

Durante el segundo semestre del 2018 se lanzó el Programa de Formación en el Puesto de Trabajo para Adultos Mayores del SENCE, iniciativa que busca financiar a las empresas que faciliten la participación laboral de las personas mayores. Además de estos esfuerzos, es necesario también eliminar los topes de edad que establece el SENCE en algunos de sus programas de capacitación y empleo. A nivel de municipios, el servicio que ofrece la Oficina Municipal de Intermediación Laboral (OMIL) es percibido como insuficiente por los adultos mayores, quienes sostienen que sólo se ofrecen trabajos básicos. De hecho, según encuestas del SENAMA, las personas mayores asocian a las municipalidades mayormente con actividades de índole recreativa y no de capacitación y empleo.

Una iniciativa que fomenta una vida laboral activa después de la jubilación es el Programa Yo Emprendo Adulto Mayor del FOSIS, que busca desarrollar el emprendimiento en las personas mayores. Sin embargo, aún no existe el apoyo necesario ni la capacitación requerida para empujar las actividades de emprendimiento de este segmento.

El bajo nivel educacional de la población mayor representa un desafío para su integración en el mundo laboral. Según la encuesta CASEN 2015, las personas mayores presentan niveles educacionales más bajos que la población entre 19 y 59 años. Los adultos mayores de hoy tienen en promedio cuatro años menos de escolaridad que el resto de la población. Más aún, el 51,8% de ellos tiene niveles de educación básica o inferior, de los cuales el 10% está en situación de pobreza. Sólo el 7,3% de las personas mayores hoy tiene educación superior completa, muy por debajo del promedio nacional, que alcanza el 19,8% para personas de 25 años y más.

Para compensar esta desventaja, el Ministerio de Educación ha desarrollado cuatro las iniciativas para la regularización de estudios o de «segunda oportunidad» (Mineduc, 2018), que buscan otorgar oportunidades educativas sin discriminar por edad, a quienes por diversas razones no pudieron iniciar o completar sus estudios de básica o media. La Modalidad Regular de Educación de Adultos está dirigida a las personas jóvenes y adultas que desean iniciar o completar sus estudios de Enseñanza Básica, Media Humanístico-Científica o Técnico-Profesional. Esta modalidad se ofrece en todas las comunas. Cerca del 2% del total de participantes corresponde a personas mayores de 55 años. La Modalidad Flexible, consiste en estudios semi-presencial, por lo que no es necesario que la persona asista todos los días a clases. Esta iniciativa es impartida por entidades ejecutoras, la mayoría de ellas organismos técnicos de capacitación (OTEC). Alrededor del 4% de quienes optan por esta modalidad son personas mayores de 55 años. La mayoría de los participantes en esta modalidad son personas que trabajan y jefas de hogar. La flexibilidad horaria favorece a un adulto mayor, quien podría organizar estas asignaturas en relación a su disponibilidad de tiempo. Para personas que no saben leer ni escribir, o que tienen menos de cuatro años de escolaridad, la iniciativa educativa de inclusión social Plan de Alfabetización Contigo Aprendo busca que las personas aprendan a leer y escribir, desarrollen su pensamiento matemático y alcancen aprendizajes que les permitan certificar 4° año básico. Cerca del 55% de los participantes del programa son personas mayores de 55 años. Este Plan se lleva a cabo desde el 2003 en 246 comunas de las quince regiones, bajo la coordinación de la Secretaría Ministerial (SEREMI) y la Dirección de Educación de los Municipios, y funciona con una base de monitores voluntarios.

La Validación de Estudios o Exámenes Libres es otro mecanismo que permite la certificación de estudios básicos y/o medios, a través de la rendición de pruebas elaboradas para este fin. El proceso de validación para personas mayores de 18 años depende del Ministerio de Educación y de las Entidades Examinadoras (establecimientos educacionales) que este haya designado. Hay dos tipos de examinaciones, una es con fines laborales, que es un certificado de octavo básico laboral o cuarto medio laboral, que no permite la continuidad de los estudios, y el segundo es un certificado de continuidad de estudios que permitiría al estudiante llegar a la educación superior. La mayoría de las personas que optan por los certificados de fines laborales son aquellos que por algún motivo quieran mejorar su pensión, porque en el trabajo se lo exigen, para realizar alguna capacitación, entre otras.

El Consejo Nacional de Educación (CNED) dio a conocer que la matrícula total para el año 2018 en la Universidades por primera vez experimentó una baja de un 0,6%, lo que representa una situación histórica. Según expertos, la razón de esta baja se debe primero a que el sistema llegó al tope de su capacidad, pero además a la disminución de personas en el rango etario que ingresa a la educación superior (15 a 24 años). Así, el Director de Aprendizaje Institucional de la Universidad Alberto Hurtado cree que la matrícula de adultos y adultos mayores crecerá dentro de los próximos años, no solo en el pregrado, sino que también en el postgrado. Por ello se recomienda comenzar a pensar en mecanismos de apoyo a las personas de este segmento.

Unos de los desafíos del Ministerio de Educación en materias de nivelación educacional y educación continua es mejorar la coordinación con los Municipios en todas las iniciativas que se están desarrollando, ya sea creando vínculos directos con los Departamentos de Adulto Mayor de los municipios o articulando con los encargados regionales en la Secretaría Regional Ministerial, para establecer acciones específicas, como la elaboración de material de difusión que se pueda dar a conocer a la comunidad de adultos mayores de cada Municipio.

Acciones sugeridas

Promocionar capacitaciones con enfoque en la inserción laboral

Promover entre empresas locales la contratación de personas mayores

Visibilizar el rol de la OMIL para levantar necesidades de capacitación frente a las OTIC y capacitar a personas mayores según sus intereses y capacidades.

Integrar a la OMIL en las mesas técnicas e intencionar que exista un sistema o personal a cargo que permita recoger o recibir las demandas de trabajos de personas mayores de 60 años, ofreciendo un diagnóstico de cuantos son los adultos mayores requiriendo trabajo y cuál es la situación actual de estas personas.

Crear espacios de encuentro entre las personas mayores y estudiantes de los colegios de las comunas que permita que personas mayores transmitan presencialmente la historia de su comuna y el valor patrimonial de la misma.

Para superar los estereotipos y actitudes negativas que puedan existir hacia los mayores será importante realizar campañas de comunicación (radial, tv, otros) en las comunas y en la sociedad (los encargados de formular políticas, los maestros y los proveedores de servicios de los municipios y organizaciones sociales, de salud y recreativas de la comuna)

Los niveles de alfabetización, incluidos los niveles de alfabetización en salud, son más bajos en las personas mayores que en otros grupos de la población, es por ello que desde los municipios se pueden establecer a través de sus programas de educación, talleres de alfabetización en temas relativos a la salud, como además ofrecer cursos a los profesionales que atienden directamente a la población, promoviendo además el buen trato.

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