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La enfermedad de Parkinson amenaza convertirse en pandemia

Así lo establecen proyecciones de especialistas, quienes argumentan que la comunidad científica y la población deben movilizarse para responder a esta inminente amenaza de salud pública.

En lo que va del siglo XXI, la obesidad, el VIH, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y el tabaquismo son algunos de los problemas de salud que se han convertido en pandemias. Un poco selecto grupo al que muy pronto podría unirse la enfermedad de Parkinson: según proyecciones de expertos, la cantidad de personas afectadas en el planeta crecerá a proporciones pandémicas.

Las cifras así lo avalan, pues la prevalencia de párkinson a nivel global se duplicó entre 1990 y 2015, y la tendencia apunta a que seguirá creciendo. Si en la actualidad hay alrededor de 6,2 millones de pacientes con la enfermedad, para 2040 se estima que la cifra alcanzará los 14,2 millones.

Y es probable que estas estimaciones sean conservadoras debido al subregistro, al diagnóstico erróneo y al aumento de la esperanza de vida.

“El panorama es bien desalentador, porque el factor de riesgo principal, independiente de la causa genética, es el envejecimiento”, precisa el doctor Claudio Hetz, investigador en párkinson y alzhéimer, y director del Instituto de Neurociencia Biomédica de la U. de Chile.

De allí que el mundo occidental avance hacia una auténtica “pandemia” de enfermedades neurodegenerativas.

Crear conciencia

“Las pandemias generalmente se asocian con enfermedades infecciosas como el zika, la gripe o el VIH. Pero los trastornos neurológicos son ahora la principal causa de discapacidad en el mundo y el de mayor crecimiento es la enfermedad de Parkinson”, comenta el doctor Ray Dorsey, neurólogo del Centro Médico de la U. de Rochester (EE.UU.).

Dorsey es autor del estudio Global Burden of Disease, publicado en septiembre pasado en la revista The Lancet, en el cual rastreó la prevalencia de enfermedades neurológicas como el párkinson, alzhéimer, el accidente cerebrovascular, la epilepsia y la esclerosis múltiple, entre otras.

A nivel local, el panorama no pinta para mejor, según Hetz. “Junto con Canadá, aquí tenemos la tasa de envejecimiento más alta de toda América y el tema en Chile se viene fuerte, considerando que para 2050 se estima que un cuarto de la población tendrá sobre 60 años”.

Lo que alerta a los especialistas es que los casos de párkinson están aumentando más rápido de lo que avanza el envejecimiento poblacional. “No se sabe cuál es la razón -advierte Hetz-; hay estudios que sugieren que la contaminación jugaría un rol, ya que la enfermedad es muy sensible a la exposición a tóxicos”.

Además de la polución ambiental, el uso de pesticidas y moléculas derivadas del plástico también han sido asociados a su aparición.

El problema, además, es que se trata de una enfermedad que no tiene cura y cuyos tratamientos por el momento son solo paliativos, como precisa el doctor Ted Dawson, de la Escuela de Medicina de la U. Johns Hopkins. “Si bien todavía hay muchas cosas que deben suceder antes de que tengamos un medicamento útil, ya se han dado los primeros pasos prometedores”.

Hasta no contar con una herramienta terapéutica eficaz, la prevención es el mejor arma, concuerdan los especialistas.

Según Dorsey, la comunidad médica y la población deberían seguir las mismas estrategias que transformaron el VIH de una enfermedad desconocida y fatal a una condición crónica altamente tratable.

“Es urgente unirse para crear conciencia, promover nuevos tratamientos y exigir una acción inmediata para luchar contra esta enorme amenaza”.

Entre los pasos a seguir, está el fortalecer un mejor entendimiento de las causas ambientales, genéticas y conductuales que están entre los factores de riesgo, para ayudar a prevenir su aparición. También aumentar el acceso a diagnóstico y atención oportuna (el 40% de los pacientes en EE.UU. y Europa no acuden a un neurólogo, y el porcentaje es mayor en las naciones en desarrollo).

Asimismo, reducir el costo de los tratamientos y fomentar la investigación científica en el tema, dice Dorsey: “Eso va a llevar a soluciones, pero la investigación necesita fondos, tanto públicos como privados, para poder desarrollarse”.

Medio: El Mercurio