¿Quién cuida a nuestros mayores?

Las cifras nos muestran, desde hace ya algunas décadas que el envejecimiento poblacional es un hecho ya instalado en nuestro país, este incremento progresivo y constante de la población mayor de 60 años, se explica principalmente por la baja en la natalidad y el incremento de la esperanza de vida al nacer, la que ha pasado de los 55 años en 1950-1955 a los más de 80 años promedio en el 2013 (INE). Este “terremoto” demográfico trae variados desafíos a nuestra sociedad, a la familia y a la política pública, muchas de las personas mayores requieren –y requerirán- apoyo y cuidados, quién o quiénes son los responsables de asumir esta labor: ¿El Estado y la Política Pública o es una tarea que debe asumir la familia? ¿El cuidado es una cuestión pública o privada?

Estas interrogantes no son fáciles de responder, sin embargo un elemento a considerar en este análisis, es que, en la medida que aumenta la expectativa de vida, aumenta también las probabilidades de sufrir algún tipo de dependencia, de hecho la dependencia severa afecta al 3,3% de la población entre 60-64 años y esta misma condición aqueja al 16% de la personas mayores de 80 años, de acuerdo a la CASEN 2013. Estas cifras son muy relevantes, ya que la expectativa de vida en nuestro país aumenta de manera progresiva, lo que implica que la condición de dependencia y necesidad de cuidados seguirá incrementándose.

Por lo anterior, las políticas públicas y sociales están siendo y serán cada vez más demandadas, de hecho hay varios estudios que han definido la necesidad de cuidados como un nuevo riesgo social, presente en sociedades en proceso de envejecimiento o ya envejecidas, que demanda servicios de protección social y sanitaria (Huenchuán; 2009). Esta condición de riesgo, esta recientemente instalándose en países como el nuestro, ya que las necesidades de cuidado hasta ahora se han resuelto mayoritariamente en el ámbito privado, cuestión que por múltiples factores, uno de ellos las nuevas formas de constituir familia, o la baja en la tasa de natalidad, no podrá seguir siendo sostenido únicamente por las redes primarias. Efectivamente, en nuestro país y en varios otros países de Latinoamérica, la responsabilidad del cuidado de las personas mayores dependientes, recae casi completamente en las redes primarias, esta cuestión implica varias consecuencias para la familia que asume los cuidados, como la merma en sus ingresos, no sólo por los costos que en sí mismo involucra el cuidado, sino que además son mayoritariamente las mujeres las que asumen esta labor, restringiendo sus posibilidades de inserción al mercado laboral, aumentar sus ingresos, o superar su condición de pobreza.

En este contexto, la política pública en nuestro país, no ha respondido al mismo ritmo que el envejecimiento poblacional, ha ido muy paulatinamente incorporando cada vez más programas y dispositivos de apoyo y prevención, principalmente para las personas mayores más vulnerables. Lo anterior, se puede deber en parte, a que nuestro país –así como otros países latinoamericanos- ha enfrentado el fenómeno del envejecimiento poblacional, aún con grandes temas pendientes, como la erradicación de la pobreza y la disminución de la desigualdad. El gran desafío, entonces de nuestro país y de sus políticas públicas, es lograr rescatar toda la riqueza y potencial de ayuda de las familias y la comunidad, y combinarla con políticas sociales y sanitarias, que aseguren y garanticen protección social para la vejez y muy particularmente para los que requieren y requerirán cuidados.

Por Claudia Covarrubias
Asesora Nacional de Desarrollo
Área Adulto Mayor
Área Personas en Situación de Calle
Dirección Social Nacional
Hogar de Cristo

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